Energía Hidroeléctrica

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Muy tempranamente Uruguay apostó, ante la falta de hidrocarburos, por la energía hidroeléctrica. Hoy, esta fuente de energía se mantiene como la principal generadora de electricidad, aunque se ha alcanzado un tope en su capacidad de desarrollo, y van tomando fuerza otras fuentes energéticas, algunas de ellas renovables.
La primera represa (Gabriel Terra) se terminó de construir en 1937. Pocos años después, en 1945, se termina de construir Baigorria. A fines de los ‘70, se agregan Salto Grande (represa binacional compartida con Argentina), y Palmar.
Actualmente, dentro la matriz energética nacional, representa un 20% del total de energía consumida en el país y un 79% de la generación de energía eléctrica.
La energía hidráulica es fuertemente dependiente del régimen pluviométrico. Los frecuentes períodos de sequías e inundaciones, sumados a la escasa capacidad de los embalses, provocan una gran inestabilidad en la generación de energía.
A esto se suma, en el caso del río Uruguay, la construcción de numerosas represas en la cuenca alta, que repercutirían en la estabilidad del caudal. Es que la mayor parte de la cuenca que abastece la represa está en territorio argentino y brasileño, sin que exista capacidad de incidir en su gestión, más allá de la participación, en el área limítrofe con Argentina, de las binacionales Comisión Administradora del Río Uruguay y Comisión Técnico Mixta de Salto Grande.
Por otra parte, tendencialmente, las represas van perdiendo capacidad de generación, debido a la colmatación de los lagos. Aunque sería posible recuperar el volumen de agua del algo o la remodelación del mismo, ello dependerá de la relación costo/beneficio de la medida a tomar.
Las autoridades de la Dirección Nacional de Energía y Tecnología Nuclear se han propuesto además estimular los emprendimientos micro y mini aprovechamientos hidroeléctricos, que podrían ser económicamente viables con carácter multifuncional (producción de energía, riego, recreación, agua para ganado, agua potable). Estos micro emprendimientos presentan además la ventaja de eludir algunos de los impactos ambientales potenciales que generan las grandes represas, como la pérdida de biodiversidad, ruptura de los recorridos migratorios de los peces, cambios en los regímenes fluviales, inundación de tierras fértiles, el traslado de núcleos poblados, etc.
La empresa estatal no se plantea a mediano plazo el aumento de la capacidad generadora de hidroelectricidad, orientándose a otras formas de producción de energía.