En el marco de la X Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), celebrada el 21 de marzo de 2026 en Bogotá, los países de la región adoptaron la Declaración de Bogotá, un documento que consolida los principales consensos políticos y estratégicos del bloque frente a los desafíos regionales y globales.
La declaración reafirma el compromiso de los Estados miembros con la integración regional, el fortalecimiento de la CELAC como espacio de diálogo político y la construcción de una agenda común que permita posicionar a América Latina y el Caribe en el escenario internacional. En este sentido, se destaca la voluntad de avanzar hacia una mayor unidad regional, priorizando los intereses compartidos por encima de las diferencias.
Entre los principios fundamentales, los países reiteraron su adhesión a la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, el respeto al derecho internacional, la solución pacífica de controversias, la no injerencia en asuntos internos y el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos y el multilateralismo.
En relación con la coyuntura global, la CELAC expresó posiciones comunes sobre temas clave como el apoyo y solidaridad con el Gobierno y el pueblo de Haití en su búsqueda de estabilidad, la necesidad de poner fin al bloqueo contra Cuba, el respaldo al reclamo argentino sobre las Islas Malvinas y la necesidad de reforzar el multilateralismo, incluyendo la aspiración de que la región ocupe un rol más relevante en organismos internacionales como las Naciones Unidas.
La declaración también aborda una amplia agenda de desafíos regionales, destacando la cooperación para enfrentar la delincuencia organizada transnacional, la gestión de la migración, la seguridad alimentaria, la educación superior y la salud. Asimismo, se subraya la importancia de avanzar en la acción climática, la transición energética, el acceso al financiamiento y la resiliencia frente a desastres naturales.
En el ámbito del desarrollo, los países reconocieron el potencial de las tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial, y reafirmaron la necesidad de reducir la brecha digital mediante una cooperación regional más profunda. También se promovió el fortalecimiento de la integración energética, la cooperación científica y la autosuficiencia sanitaria.
Finalmente, los Estados miembros destacaron el papel de la CELAC en el fortalecimiento de los vínculos con otras regiones, como la Unión Europea, China y África, y celebraron la asunción de Uruguay como Presidencia Pro Tempore para el período 2026-2027, comprometiéndose a acompañar su gestión en el impulso de la integración regional.
La Declaración de Bogotá se posiciona así como una hoja de ruta que refleja la voluntad política de América Latina y el Caribe de actuar de manera coordinada frente a los desafíos del presente y del futuro.
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